miércoles, 12 de noviembre de 2008

"La Gran Sonoridad de una Voz de Radio" (temática charla)

Cuento sobre la jornada de charlas


“LA GRAVE SONORIDAD DE UNA VOZ DE RADIO”



Fuimos invitados a una charla sobre radios comunitarias. Pasamos, saludamos y nos sentamos en sillas de plástico contra la envidia, mejor dicho de color rojo.
El largo día de universidad se nos notaba a todos, y yo que soy ojeroso de nacimiento tenía los párpados por el suelo. Entre caramelos, risas por nuestro estado y comentarios la charla dio comienzo. En la mesa central se encontraban reconocidas personalidades de la farándula universitaria y académica y otros no tanto. Entre las más destacadas se encontraban:
- La profesora Celia: futura mamá. Mujer de resplandeciente rostro y apacible mirada.
- El Profesor Bosetti: Hombre sin bigotes. Usa lentes y los pantalones más arriba de lo habitual.
Los demás integrantes de la mesa no encuentro pertinente ni necesario que sean mencionados.

La mujer de resplandeciente rostro inició la charla de muy buena manera y dio la palabra al hombre sin bigotes.
La gran sonoridad de una voz de radio inundó de notas musicales aquel auditorio vacío, tosco y caluroso. Esa voz me trasladó a la más célebre sensación que se experimenta cuando uno se conecta con su propia alma en un entorno de paz y serenidad pero a la vez de poder y estruendo. A la sensación de no querer dejar de escuchar los tintes fonológicos que aquellas cuerdas vocales irradian. Esa voz me condujo a la más particular experiencia de estar volando sin motor en lo más alto del cosmo. Al escucharla me transformó en un ser omnisciente, omnipotente y omnipresente. Me convirtió en una personificación de un Hermes, un mensajero de los dioses, con alas y todo el merchandising celestial.
La gran sonoridad de aquella voz de radio repercutió en mis oídos cual sonido de trompetas en la hora final. Cual coro de ángeles acompañando la entrar en la eterna y feliz morada. Esa voz sació mis ansias de no saber para qué o por qué estudio comunicación social. Me limitó en un propósito tantas veces buscado pero sin éxito hallado. Me brindó la certeza que todos no
somos perfectos, pero que vamos en camino a la perfección. Me hizo pensar que somos seres espirituales más que carnales. Esa voz es la única protagonista de este relato y la única que se lo merece serlo.
La gran sonoridad de una voz de radio, no tiene género, es indistinta y plural. Al escucharla me cuenta todo lo que deseo saber. Esa voz es de todos, es una voz sincera, pasible, potente y comunitaria. Esa voz nos pertenece a todos y a cada uno de nosotros. Esa voz no hace distinción de raza, clase o religión. La voz de radio es la expresión más clara y libre que existe en una comunidad ya que a través de ella uno logra alcanzar cosas impensadas.
La gran sonoridad de esa voz, es la voz de todos.

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